
Desde el nacimiento del arma atómica en el desierto de Alamogordo, Nuevo México, no se intentó un proceso genuino de desarme que lleve al fin del arma nuclear. Todos los acuerdos alcanzados hasta ahora entre Estados Unidos y Rusia fueron movimientos estratégicos destinados a reorientar prioridades. El desarme nuclear como objetivo fue y es de contenido meramente declarativo.
Es de lamentar que sea así por cuanto es inevitable que el club de Estados poseedores de estas armas crezca mientras el arma nuclear siga siendo patrón incontestable de poder internacional.
Las esperanzas son desilusionantes cuando se analizan los pasos imprescindibles para que un proceso de desarme nuclear tenga visos de realidad. Del análisis de las propuestas existentes, las siguientes cuestiones asoman como esenciales para que las negociaciones de desarme puedan ser consideradas como tales:
1. Que Estados Unidos y Rusia estén decididos a continuar disminuyendo las respectivas capacidades estratégicas con otro tratado suplementario al nuevo Start.
2. Que los nueve países con armamento nuclear (Estados Unidos, Rusia, China Reino Unido, Francia Israel, India, Pakistán y Corea del Norte) fijen un cronograma y acuerden un método para proceder a negociar el desarme de sus respectivos arsenales nucleares.
3. Que Estados Unidos y Rusia inicien la negociación sobre las armas nucleares tácticas.
4. Que todos los Estados poseedores de armas nucleares sean Parte del TNP.
5. Que todos los Estados poseedores de armas nucleares sean Parte del Tratado de Prohibición Completa de los Ensayos de Armas Nucleares.
6. Que se inicie la negociación de un Tratado multilateral para la Prohibición de la Producción y Almacenamiento de material Fisionable.
La lista, de carácter meramente indicativa, es también ilustrativa de las dificultades para que el proceso de desarme nuclear se pueda algún día concretar. Aún si ese inventario temático preliminar se pusiese en marcha contando con la voluntad política de todos los Estados poseedores de armas nucleares, llevaría más de veinte años en negociarse y más de diez en hacerse efectivo con la destrucción completa de los arsenales. En este contexto de realismo negativo, el panorama no puede ser menos auspicioso.
La posibilidad de cambio quizás esté en manos de los 187 Estados no poseedores de armas nucleares, en particular de quienes no basan su seguridad en alianzas militares con armas nucleares. Es hora que se produzca una movilización en ese sentido y que los 9 que las detentan sientan la presión de la comunidad internacional con medidas concretas destinadas a forzar voluntades. Es tiempo que los Miembros Permanentes del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas tomen un poco de su propia medicina conforme el Capítulo VII de la Carta de las Naciones Unidas.
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