
Los más de 28.000 efectivos de Estados Unidos emplazados en Corea del Sur son garantía disuasiva ante una eventual repetición del ataque perpetrado por el Norte el 25 de junio de 1950. La preocupación ante una escalada militar adquiere una dimensión de significación al ser Pyongyang un país que detonó dos ensayos nucleares, el último en mayo de 2009, lo que lo ubica dentro de lo que se podría catalogar como un estado poseedor de armas nucleares.
El hundimiento del buque de guerra Cheonan el 26 de marzo es el acto de fuerza mas grave desde el armisticio de 1953 que concluyó una guerra de tres años y estableció una zona desmilitarizada alrededor del paralelo 38. La respuesta de Seúl fue amenazante, con vedadas advertencias de represalias, y el inmediato cierre de fronteras con la consecuente interrupción del comercio bilateral.
El Presidente de Estados Unidos instruyó que las tropas norteamericanas coordinen con la contraparte surcoreana “las acciones necesarias para detener una eventual agresión norcoreana”. Desde Beijing la Secretario de Estado Hillary Clinton, que se encuentra en visita de trabajo para restablecer el diálogo bilateral, reconoció que la situación es precaria y que el apoyo a Corea del Sur es inequívoco.
El hecho de que los Cancilleres de Estados Unidos y China se encuentren reunidos permitió evitar suspicacias interpretativas reciprocas con relación a la Península coreana y repetir enfrentamientos del pasado. La coincidencia entre Beijing y Washington no parecen tener fisuras en el caso coreano a pesar que el anciano Líder norcoreano, Kim Jong-il, visitó China hace pocas semanas. Los tiempos no son los mismos a los de la era Mao Zedong. En 1950, Beijing no integraba el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas y la doctrina Truman, que proclamaba la oposición al comunismo en cualquier lugar que intentara expandirse, se encontraba en pleno apogeo.
Hoy, tanto Estados Unidos como China abogan por una península coreana desnuclearizada. La paciencia China parece haberse agotado respecto a Corea del Norte. Ambos países reclaman el reinicio de las conversaciones a seis bandas para poner fin al programa nuclear norcoreano. Pyongyang se resiste sin previa compensación o la firma de un tratado de paz con Estados Unidos. Técnicamente Pyongyang tendría razón, la guerra no concluyó en la península coreana. El armisticio no constituye formalmente un tratado de paz.
El conflicto suscitado con el hundimiento del buque surcoreano es de difícil interpretación aunque no hay dudas sobre el incidente, ni respecto a la responsabilidad que le cabe a Corea del Norte. Sin embargo, no existen evidencias adicionales que Pyongyang puede estar interesado en un conflicto militar. En general los diversos actos demostrativos de fuerza en materia nuclear y espacial, como algunos incidentes en el Mar Amarillo, parecen destinados a llamar la atención y reclamar contrapartida ante la desastrosa situación económica social del régimen agravado por las sanciones del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.
El episodio del buque puede ser parte de un nuevo capítulo en la misma dirección. Nadie podría estar interesado en que el conflicto adquiriera dimensión, en particular Estados Unidos y China. Salvo que Corea del Norte haya llegado a un punto límite en sus necesidades internas y esté dispuesto a provocar un acto de fuerza de carácter desesperado. En ese caso, la península coreana podría ser otro caso que afecte el restablecimiento del dialogo del llamado G2.
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