El peligro de las inminentes sanciones a Irán

Las gestiones diplomáticas del Brasil y Turquía no resultaron suficientes y son consideradas incompletas por cuanto no lograron que Irán aceptara limitar o suspender el enriquecimiento de uranio al 20%. Ese era la clave del problema. El esfuerzo realizado agotó la vía diplomática. La experiencia demuestra que no se trata únicamente de acomodar posiciones en la búsqueda de formulas gramaticales o practicas cuando una de las partes esta obcecada. Irán no tiene interés en ninguna solución de fondo.

Las cartas están echadas. Las sanciones en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas son inevitables y la urgencia puede hacer que no se espere a que concluya la Conferencia de Examen del Tratado de No Proliferación. El resultado de la medida punitiva no hará cambiar de actitud a un país que ya jugó sus cartas.

La persistencia iraní solo confirma los objetivos del programa nuclear. No sería consistente tanto empeño en producir uranio enriquecido al 20% si fuera solo para ser usado en una planta de radioisótopos medicinales. No guarda ninguna proporción el grado de tensión generada si esa fuera la única intención.

La etapa post sanciones será mucho más complicada y sensible que la que se vivió en el intento de una solución diplomática equilibrada y racional. Las sanciones no cierran el problema sino que lo empieza. Como en el caso de medidas similares anteriores del Consejo de Seguridad, es probable que Irán continúe con la costumbre de redoblar la apuesta. 

La comunidad internacional tampoco permanecerá indiferente ni expectante. Ese desafío abre la puerta a un conflicto militar. El panorama no puede ser más grave por cuanto Irán no es ni Irak ni Afganistán. Se trata de un Estado con las capacidades propias de importantes potencias intermedias y con una ubicación geográfica capaz de bloquear el suministro de petróleo que sale del Golfo Pérsico que constituye el 40% del consumo del petróleo mundial. Esa sola posibilidad generaría una crisis global de una magnitud nunca antes vista. El precio del barril podría dispararse sobre los 200 dólares.

El bloqueo del estrecho de Ormuz es el arma más potente que dispondría Irán. Sin embargo, las principales naciones consumidoras de petróleo habrían logrado acumular reservas para esa eventualidad calculada en 600 días de las exportaciones iraníes netas. En el caso de Estados Unidos solo un 15% depende de Medio Oriente. Esa situación pone en el mapa de preocupaciones a Venezuela de quien Estados Unidos importa un 12% de sus necesidades de crudo.

En ese cuadro geopolítico la suma de eventualidades puede ser infinita y no habría Estado que escape a sus consecuencias. En las actuales circunstancias internacionales un conflicto eventual con Irán solo anuncia una madeja de incertidumbre de una dimensión superior a los momentos más graves de la guerra fría. 



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