La nueva política exterior de Rusia

Rusia camina hacia un nuevo andarivel y perfil de política exterior. El pragmatismo que orienta este enfoque pasa por la actualización tecnológica y científica como patrón de poder. El concepto central está destinado a que la Federación Rusa recupere la relevancia política de otras décadas impulsando la modernización de su capacidad productiva y estructura científica.

Esta visión renovada presupone el cambio paulatino de comportamientos y posiciones en política exterior. Algunos síntomas fueron emergiendo en el último año caracterizados por el alcance del dialogo con la OTAN, los acuerdos preliminares con Estados Unidos en armas nucleares estratégicas, entendimientos en armas tácticas defensivas y convencionales, la renovación de armamento militar con adquisiciones de proveedores europeos y la predisposición de asumir un mayor liderazgo y acompañamiento a Estados Unidos en el tratamiento de los temas más sensibles de la agenda de seguridad internacional.

La reciente reunión entre los Presidentes de Estados Unidos y la Federación Rusa como el último encuentro con el Canciller de Alemania ponen en evidencia el alcance del pragmatismo ruso y desde donde se encontraría reubicando el nuevo acomodamiento internacional. El Presidente ruso denominó el cuadro de estos relacionamientos como “alianzas de modernización”.

Esta semana el Kremlin informó que las nuevas prioridades de Rusia pasan por la modernización tecnológica, la incorporación de elementos innovadores a su económica y una actitud más abierta frente al mundo. La visita del Presidente ruso el mes pasado a Silicón Valley en California fue un anticipo. Las recientes expresiones del Presidente Dimitri Medvedev de condena al  programa nuclear de Irán es otra manifestación de la voluntad de estar del mismo lado de la vereda que Estados Unidos y la Unión Europea. Los mensajes presuponen intenciones como contrapartidas. Estados Unidos debería responder con gestos similares para estimular el proceso.

Las primeras señales que provienen de Moscú indicarían la reivindicación de su condición de potencia europea sin perder noción de una ubicación geográfica predestinada a continuar siendo actor central en la problemática asiática, en particular al ser vecino de las principales potencias emergentes. Rusia quiere ser Europa. La duda es como se manifestará esa preferencia y si presupondrá su ingreso gradual a la Unión Europea. Esa sola posibilidad cambiaría la estructura de poder  mundial. Estados Unidos no lo ignora.

 



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