La sociedad política Medvedev-Putin continuaría gobernado Rusia por los próximos años, sin embargo en las recientes elecciones legislativas perdieron un número de bancas parlamentarias. El retroceso implica que no contarán con la mayoría cualificada en la Duma que le permitiría modificar la constitución, pero no altearía la capacidad de gobierno ni representaría graves negociaciones con algunos partidos minoritarios para alcanzar mayoría.
El revés electoral no cambia sustancialmente el mapa político con miras a las presidenciales. Las encuestas siguen indicando que Vladimir Putin es el preferido en las elecciones a Presidente del 2012. Para una oposición dividida en sus propósitos, eso significará que el autoritarismo continuará siendo el estilo de la gestión de gobierno. Nadie espera grandes cambios.
Sin embargo, el discurso del Presidente Dimitri Medvedev es de seguir modernizando el Estado como prioridad absoluta. Esa noción es completada por conceptos de Vladimir Putin en el sentido que el punto central de ese esfuerzo de actualización tecnológica es la mejora de vida de la población.
De ninguno de los dos anuncios se desprende la intención de comprometer una mayor fortaleza de las instituciones democráticas. El Kremlin sigue empeñado en un juego de formalidades democráticas y al mismo tiempo de control firme de todas las instituciones y en particular del sistema judicial. Sin embargo, la legitimidad de origen democrático es un valor indispensable para Vladimir Putin que intentará que Rusia recupere un mayor protagonismo en el escenario internacional.
El punto central de dicha acción diplomática es fortalecer el entendimiento con China. Las últimas visitas del Presidente Medvedev van en esa dirección. Otro, es detener la estrategia de Estados Unidos de defensa misilistica en el Mar Mediterráneo y evitar los riesgos de una mayor concentración de conflictos sobre su frontera como podría ser un eventual conflicto con Irán. La sensación de encierro es una de las obsesiones del Kremlin.
En ese marco seria entendible la resistencia de Moscú de romper con un amigo histórico como el régimen sirio. Sin embargo, las necesidades estratégicas de Vladimir Putin hasta podrían llegar a entregar a Siria a cambio de una mayor flexibilidad norteamericana en materia de reducción de los arsenales nucleares o limitaciones en el escudo misilistico europeo.
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