
La alianza entre Estados Unidos y Arabia Saudita sigue firme y constante. La visita del Rey Abdula bin Abdelaziz al-Saud a la Casa Blanca es un nuevo testimonio donde el pragmatismo y la conveniencia mutua en intereses estratégicos domina la agenda de esa larga y fructífera relación. La exclusión temática es una de las característica del dialogo bilateral al estar ausente de consideración una variedad de cuestiones sensibles como la defensa a los derechos humanos, la tolerancia religiosa, la libertad de expresión y los principios de gobernabilidad democrática entre otros. La constitución del reino es el Corán y se rige por la ley islámica o Sharia.
La aceptación como aliado a un Estado absolutista de características feudales es un ejemplo del doble discurso de Washington donde los intereses reemplazan a los valores. La vinculación está concentrada en los temas de interés común de naturaleza puramente estratégicos. Por un lado, los de carácter históricos como los hidrocarburos y el mantenimiento de los Estados del Golfo como fuente de aprovisionamiento confiable. Por otro, lo enemigos comunes. La lista integra a los Estados más radicalizados como Siria e Iran.
Las incursiones militares en Yemen y el involucramiento de Arabia Saudita en el Mar Rojo es otro ejemplo de esa alianza que sobre pasa la Península Arábiga con miras a objetivos en Somalia y el Cuerno de África como en respuesta a la expansión iraní en el área. Al Qaeda es el otro enemigo común.
La venta de armamento es otro capítulo de interés mutuo que refleja el carácter particular de la relación. Los acuerdos firmados superan los 20.000 millones de dólares e incluyen las armas convencionales más sofisticadas, en particular en aviones de combate, a las cuales no tienen acceso muchos aliados de la OTAN.
Sin embargo, la relación no está ausente de contradicciones aun en el campo estratégico. Arabia Saudita evitó en la OPEP el aumento de la producción para disminuir el precio del barril de petróleo. El Riyadh ha sido epicentro del financiamiento de las actitividades de los Talibanes en particular con el grupo Wahhbi y promovió la creación de centros religiosos en distintas regiones del mundo. De muchas de esas escuelas islámicas provienen numerosos sectores fundamentalistas asociados al terrorismo.
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