
En 2001, el banco Goldman Sachs acuño el término BRIC para referirse a las cuatros naciones emergentes más importantes en términos de población, superficie e impulso económico: Brasil, Rusia, India y China. Se calcula que para el 2050 serán entre cinco a diez las naciones emergentes más ricas del mundo incluyendo en el grupo a México, Corea (unificada) y eventualmente a Argentina, Egipto y Sudáfrica.
Sin embargo, la tesis propuesta por Jim O’Neill se transformó en todo un símbolo político por cuanto refleja la punta de lanza de cuatros Estados que adquirieron gravitación diferenciada en el concierto mundial. La reciente reunión del BRIC en Brasilia así lo refleja.
Los BRIC multiplicaron por dos su peso específico en los últimos diez años y su influencia política empieza a mostrar signos destacables. Las proyecciones económicas y políticas favorables están también de la mano de una serie de incógnitas.
En el caso de China, se plantean los riesgos de desestabilización por eventuales impulsos separatistas de disminuir el autoritarismo. China e India enfrentan el reto de estallidos demográficos. India tiene un problema con su educación ya que centenares de millones de sus ciudadanos son aun analfabetos y su deuda supera el 80% del PBI. Rusia y Brasil, los más frágiles de la cadena, enfrentan dependencia en productos básicos y nivel de participación en el mercado global.
Dos son democracias consolidadas (Brasil e India). Tres poseen armamento nuclear (China, India y Rusia). Dos avanzan sin prisa ni ansiedad (China e India). Dos aspiran a la liberación del comercio agrícola (Brasil y Rusia). Tres tienen marcos regionales de creciente conflictividad (China, India y Rusia). Uno está ubicado en el llamado patio trasero de la superpotencia (Brasil). Tres reflejan ambiciones bien definidas en términos de poder mundial (China, India y Rusia). Uno parece aun inclinado a posiciones emotivas en términos de solidaridad internacional (Brasil). Tres son rivales con proyectos estratégicos diferentes (China, India y Rusia). Dos enfrentaron una guerra y los une el pragmatismo del comercio (China e India). Dos son miembros del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas con derecho a veto (China y Rusia), Brasil e India aspiran a un carácter permanente. Uno es, en definitiva, europeo (Rusia).
Sin embargo, las diferencias individuales son precisamente en la actualidad el motor de las coincidencias y la fuerza relativa. Los intereses estratégicos de los cuatro coinciden en algunos puntos básicos. El primero quizás gire en torno de la necesidad de construir un nuevo orden mundial aunque no está del todo claro el tipo de esquema al que aspire cada uno. Segundo, en el interés de obtener ventajas o extraer concesiones políticas y económicas de los países industrializados.
Es evidente que el mundo no es el mismo que hace unos años y el BRIC es una clara manifestación en ese sentido. Lo que parecería necesario para enfrentar los desafíos del mundo actual es la necesidad de que los Estados emergentes que aspiren a diseñar un eventual nuevo orden internacional no se basen en la misma lógica que predomina desde la segunda postguerra y repita, con variantes, esquemas similares de concentración de poder. Hasta ahora, en ese aspecto por lo menos, el mundo no parece haber cambiado demasiado.
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