En la agenda internacional la prioridad sigue siendo el peligro de la proliferación vertical y horizontal de las armas nucleares. El Presidente de Estados Unidos, Barack Obama, ubicó esa cuestión a la cabeza de las prioridades que persigue, como también los riesgos del terrorismo nuclear y señaló que, ambos temas, son amenazas que superan a todas las demás en cuanto a urgencia. Advirtió, además, que si la comunidad internacional no actúa con eficacia y celeridad se provocará una carrera armamentista nuclear en cada latitud del planeta.
Es muy probable que el Presidente Obama tenga razón en su apreciación y quizás su misión principal sea procurar modificar y detener esa tendencia. Ubicar correctamente la punta del ovillo sería el primer paso en esa dirección. Y, en ese sentido, la mejor forma de detener la proliferación horizontal es reduciendo y eliminando la proliferación vertical. En ese contexto, la mayoría de las acciones requeridas para lograrlo deberían ser iniciadas por Washington al poseer el principal arsenal nuclear del planeta y por cuanto eso permitirá alentar al resto de los Estados que poseen esas armas en la misma sintonía y que los Gobiernos con intenciones proliferantes puedan abandonar o reevaluar intenciones.
Estados Unidos prometió reducir el papel de las armas nucleares en la estrategia de seguridad. Sin embargo, los pasos adoptados no parecen así indicarlo. El nuevo tratado Start solo reorienta prioridades y, tal como señala Rusia, la decisión estadounidense de seguir adelante con versiones revisadas del escudo antimisiles confirmaría que aun no decidió dar el paso comprometido. Tampoco sometió a ratificación el Tratado de Prohibición de los Ensayos Nucleares, piedra angular para el inicio del fin de la carrera de armamentos nucleares.
La situación es sin duda urgente y el tema del programa nuclear de Irán es solo un ejemplo entre otros. Es indispensable revertir el orden nuclear que persiste desde la Administración Kennedy. Los Estados poseedores de armas nucleares deberían adoptar decisiones inmediatas que den inicio al proceso del desarme nuclear para evitar un colapso catastrófico del régimen de no proliferación. Sin embargo, no se observa que eso ocurra y el tratamiento del tema camina peligrosamente por andariveles colaterales sin diferenciar la paja del trigo.
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