El análisis sobre el estado de la Guerra en Afganistán presentado por el Presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, pone de relieve, contrario sensu, las dificultades casi insuperables que se enfrentan en el campo militar. El cauteloso optimismo expresado por la Casa Blanca advierte que los logros, calificados como operativos, son frágiles y reversibles. En ese sentido, se destaca que las posibilidades de éxito son reducidas si Pakistán no contribuye con mayor intensidad a poner fin al santuario para la insurgencia islámica que representa la frontera entre los dos países.
La evaluación reconoce también, entre otras cuestiones, los “desafíos desalentadores” como fue la dificultad de reconstruir Afganistán en lo que podría interpretarse como un eufemismo para referirse al fraudulento y corrupto Gobierno afgano.
El tono de la revisión presentada es franca y refleja coraje por parte del Presidente Obama por cuanto implica la siempre difícil decisión de toda democracia de poner fin a una guerra. Es también una respuesta política al creciente escepticismo interno y de aliados sobre una situación militar cada vez más impopular como insostenible. De alguna forma la evaluación de la Casa Blanca podría ser considerada como parte del legado del fallecido Embajador Richard Holbrooke al haber reclamado, en su último suspiro, que había que detener la guerra en Afganistán.
El cuadro de situación planteado es concordante con la visión Europea que surge de la Cumbre Atlántica en Portugal, donde se anuncio la “reducción responsable” de los 150.000 efectivos de la fuerza internacional de los cuales 100.000 son de Estados Unidos. El proceso se iniciará en el 2011 y concluiría en el 2014. Sin embargo, se señala que la retirada no significa el final de los combates. Ese concepto podría indicar la continuación de la guerra por otros medios y eso podría implicar un nuevo capítulo de la tragedia afgana. El Presidente Obama también fue claro en ese sentido: “No pararemos hasta que derrotemos a los talibanes y a Al Qaeda”.
El énfasis de la frase del Presidente de Estados Unidos tampoco deja dudas sobre quién es el enemigo e indirectamente que se espera de aliados y amigos. La referencia podría interpretarse, en definitiva, que Washington medirá las relaciones de amistad post Afganistán según el grado de compromiso que se asuma para combatir y erradicar definitivamente el flagelo del terrorismo internacional.
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