Colombia: a pesar de los cambios, la historia es difícil de torcer

El atentado ocurrido en Bogotá es un hecho deplorable. El Presidente Juan Manuel Santos no merecía semejante respuesta al haber iniciado un período presidencial con dos hechos destacables que pone de manifiesto una voluntad política con intenciones de gobierno marcadamente distinta a la anterior Administración.  Por un lado, la disposición de trabajar con Venezuela con ánimo de evitar entredichos y suspicacias y, respecto de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Cololmbia (FARC) y los paramilitares, planteando la alternativa del dialogo para sembrar las bases de una verdadera reconciliación. Ambas actitudes marcan una diferencia.

La primera aproximación al atentado apunta a las FARC por tratarse del uso de un explosivo similar a otro antecedente lamentable de dicho grupo terrorista. Otra hipótesis indicaría la posibilidad de grupos paramilitares u otras variantes de derecha, que rechazan toda posibilidad de negociación con el grupo guerrillero. Para ellos el discurso de Juan Manuel Santos,  Ministro de Defensa de Uribe, fue considerado un acto de traición.

Los analistas políticos interpretan que el atentado persigue que la Administración Santos siga el rumbo de la de Uribe en la llamada Seguridad Democrática. Esa visión sugiere que la segunda alternativa tendría visos de credibilidad. Si fuera así el panorama de Colombia se vería aun más complicado por cuanto podría implicar serias divisiones dentro del propio gobierno.

El Presidente Santos necesita un clima de paz y concordia para poder concentrar atención en las prioridades económicas sociales de su país. Eso significaría poner fin a la lucha contra la guerrilla y el narcotráfico. Representa también la necesidad de problemas cero con su vecino temperamental.

El abrazo con el Presidente Chávez fue una muestra clara de la voluntad de iniciar un proceso renovado de cooperación y complementariedad entre dos países que mantienen una balanza comercial de cerca de 10.000 millones de dólares. Chávez, por su parte, decidió olvidar que Santos era el Ministro de Defensa que cerró los acuerdos con Estados Unidos sobre las bases militares.

Ambos líderes hicieron importantes gestos políticos que demuestran que se podría estar ante un futuro distinto en el relacionamiento bilateral poniendo fin a la enfermiza confrontación que llevó a que Caracas rompiera o congelara las relaciones con Bogotá en cuatro oportunidades. 



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