La compleja realidad de Colombia no cambió, aunque quizás las formas hayan sido modificadas por el estilo más moderado del Presidente Juan Manuel Santos. Al asumir la Presidencia expresó una disposición de dialogo con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y el Ejército de Liberación Nacional (ELN) en la medida que ambos grupos adoptaran una actitud y un comportamiento diferente. La respuesta fue una bomba cuya autoría aun no se pudo determinar. El resultado de ese hecho fue el endurecimiento del discurso del Presidente.
Las opiniones están muy divididas en Colombia sobre la conveniencia o no de reiniciar un proceso de negociación. Ocho años de firmeza de la Administración Uribe permitieron arrinconar y debilitar a las FARC y eso alienta a quienes aspiran a derrotar a dicho grupo por efecto de la fuerza. El recuerdo del naufragio de los cuatro años de intentos negociadores del Presidente Andrés Pastrana en una zona desmilitarizada, tampoco contribuyen. Sin embargo, diversos sectores activistas y de legisladores como la senadora Pilar Córdoba, que intercedió para la liberación de rehenes, insisten en la necesidad de dialogo ante lo que ellos creen que es una guerra que no puede ser ganada.
Las FARC señalaron la intención de dialogo sobre la base de cinco puntos: las bases militares de Estados Unidos, el modelo económico, el régimen político, los derechos humanos y el equilibrio ecológico. La lista es demostrativa que se trataría de un ejercicio de sordos. Tampoco habría ambiente para repetir el despeje de una zona para establecer un diálogo sobre temas que para el Gobierno no son negociables como el modelo económico o una reforma constitucional.
El Gobierno, por su parte, señaló que la voluntad de diálogo se debe demostrar a través de la inmediata puesta en libertad unilateral de todos los secuestrados y en abandonar públicamente esa práctica extorsiva. También rechazó la propuesta de las FARC de exponer su visión del conflicto en una reunión de UNASUR.
El Presidente Santos dejó en claro su posición contraria a cualquier mediación nacional o internacional para establecer una negociación con los grupos armados con presencia en Colombia. Ecuador, por su parte como Presidente Pro Tempore de UNASUR, reconoció que sin la aceptación de Colombia UNASUR no actuará ni dará curso a la petición de las FARC por cuanto implicaría inmiscuirse en los asuntos internos de Colombia.
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