Sudor y lágrimas bajo control alemán

La tecnocracia intenta reorganizar Europa sobre la base del ajuste económico para superar los graves problemas de recesión que enfrenta, que han puesto en duda la misma cohesión de la Unión Europea como la durabilidad de la zona del euro. Un panorama impensado hace solo un año. La receta es crecimiento sin recursos y sin nueva deuda.

La duda es si los líderes europeos reunidos en Bruselas, como si fuera un rebaño, podrán cumplir con las obligaciones impuestas por el nuevo Tratado. La mayoría lo hace sin convicción y como si fueran rehenes de Berlín. 23 millones de desempleados no auguran un futuro fácil ni calmo. La mejor prueba de la atmósfera social es la huelga general con la que los belgas han recibido a la mayoría de los Jefes de Gobierno europeos.

El tratado que procura instalar la austeridad como norma común ha sido un trago amargo para la mayoría de los 17 miembros de la zona euro y para aquellos de los 27 de la Unión Europea dispuestos a suscribirlo voluntariamente. Los más afectados como España e Italia no han encontrado alternativas. La nueva norma aspira al déficit cero o como máximo del 0,5 cuando no a lograr un superávit. La llamada “regla de oro” tendrá casi inevitablemente consecuencias sociales ante un panorama de un alto desempleo generalizado. El deterioro de Grecia y la eventual caída de Portugal es otro síntoma de la seriedad de la situación.

La impulsora de la rígida austeridad es la Canciller de Alemania, Ángela Merkel, acompañada por el Presidente de Francia, Nicolás Sarkozy, que no han dado otras opciones a los Estados miembros. La zanahoria es una eventual promesa de la señora Merkel de contribuir al fondo de rescate del Mecanismo Europeo de Estabilización. Sin embargo, no es gratis. Si algún Estado europeo aspira a pedir auxilio financiero al Banco Central Europeo deberá cumplir a raja tabla las exigencias fiscales. Quien no cumpla con las duras exigencias presupuestarias de la norma, que deberá ser incorporada a la constitución de todos los firmantes, será penalizado.

Se trata de una situación de clara disminución de soberanía que tendrá consecuencias políticas de largo plazo y en particular si el ajuste no logra producir los resultados esperados de crecimiento en un plazo razonable. Las perspectivas son políticamente explosivas.

 

 



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