El nuevo fracaso anunciado al inicio de
las negociaciones multilaterales sobre el Cambio Climático de Durban,
Sudáfrica, es una catástrofe que debería preocupar a todos los ciudadanos y ese
debería ser motivo de particular indignación desde todos los rincones del
planeta. En un discurso realista pero inexplicable, el propio Secretario
General de las Naciones Unidas, Ban Ki Moon, al inaugurar la reunión, adelantó
el reconocimiento que un acuerdo “vinculante no está al alcance”.
Resulta intolerable que las negociaciones
diplomáticas sigan bloqueadas
cuando las emisiones han alcanzado un nuevo record que superan los 10 mil
millones de toneladas y después del compromiso de hace cuatro años en Bali de
negociar un tratado jurídicamente vinculante. Ninguna posición ha cambiado
después del fracaso de la Cumbre de Copenhague y de la reunión Ministerial de
Cancún, cuando los datos científicos indican que ya el tiempo para adoptar
medidas tendientes a mitigar los graves daños ocasionados por el calentamiento
originado por las emisiones de oxido de carbono, se está agotando. Las
temperaturas han aumentado como lo refleja tanto el polo norte como la
Antártida.
Sin embargo, China y Estados Unidos, con
argumentos diferentes, no están dispuestos a encarar responsablemente esa
negociación hasta el año 2020. Uno y otro procuran lavar la imagen con el uso
de eufemismo, condiciones y promesas. Para Beijing la actitud favorable a un
acuerdo dependería de financiación, transferencia de tecnología y ser tratado
como un país en desarrollo, sin obligaciones, como si no fuera la segunda
economía del mundo. Washington tampoco está dispuesto a enfrentar el costo y
solo acepta que se establezcan compromisos voluntarios hasta el 2020.
Europa ha sido el único gran contaminante
que ha adoptado una actitud más constructiva y procura que los compromisos en
el proceso al 2020 sumen a todos los principales países contaminantes. Una
condición razonable aunque no será fácil de obtener.
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