La Cumbre de Washington sobre Seguridad Nuclear fue un paso importante en víspera de la próxima Conferencia en Naciones Unidas de las Partes del Tratado de No Proliferación de las Armas Nucleares. En mayo tendrá lugar la revisión del tratado. Es un proceso complejo con la responsabilidad de analizar el funcionamiento del instrumento y en particular el cumplimiento de sus obligaciones. La reunión estará poblada de insatisfacciones a pesar que la atmosfera debería ser más positiva que en la última revisión hace cinco años.
El propósito de la reunión de Washington que reunió a casi medio centenar de Jefes de Estado fue fortalecer las medidas sobre el material nuclear calificado como sensible para que el terrorismo no tuviera acceso al mismo. Se acordó cooperar en los próximos cuatro años para intensificar las medidas de seguridad. Aunque la reunión no estaba concebida para considerar cuestiones específicas del TNP, esta sirvió para conocer de antemano las divergencias y palpar la voluntad política para reducir los riesgos que supone el arma nuclear en el mundo actual.
La complejidad de la sesión en Naciones Unidas estará dada por una doble situación. Por un lado, la resistencia de algunos Estados poseedores de Armas Nucleares de incorporarse a un proceso genuino de desarme. Los pasos dados por Estados Unidos y Rusia son considerados importantes pero insuficientes para muchos de ellos. China y Francia no estarían aún en condiciones de sumarse a un proceso de esas características. Los arsenales nucleares de ambos proyectan planes de crecimiento y modernización. Asimismo, resultará necesario, en algún momento, adoptar decisión sobre Israel, India y Pakistán que no son Partes del TNP y poseen armas nucleares.
Simultáneamente, el fantasma de la proliferación es un dato que tiñe las expectativas más entusiastas. Irán y Corea del Norte son los dos casos concretos. Pero no son los únicos que plantean preocupación. La situación de Irán parece llevar a una próxima ronda de sanciones en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas y es probable que vayan a dar batalla contra esa acción diplomática en la Conferencia de Revisión del TNP. La estrategia podría ser paralizar la Conferencia y juntar adeptos contra el Tratado mismo sobre la base de su carácter discriminatorio.
El panorama es complejo y preocupante. El TNP es demasiado importante. Un quiebre del régimen afectaría la seguridad internacional como ninguna otra cuestión.
Para la Argentina eso sería muy grave por ser un país que defiende la No Proliferación como pocos y por tener un programa de realizaciones en puerta que incluye un dinámico capitulo fundado en el mercado externo. El éxito de las exportaciones argentinas de tecnología nuclear está basado en un mundo de reglas claras y transparentes de no proliferación y en un mecanismo eficiente de control a través del Organismo Internacional de Energía Atómica. Es de esperar que la acción diplomática en Nueva York permita encontrar caminos adecuados para que la seguridad internacional no siga descansando en los arsenales nucleares y en los peligros latentes que nuevos Estados adquieran esas armas.
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