El Reino Unido continúa agregando obstáculos serios en lugar de buscar formas y medios para entablar un diálogo constructivo con Argentina. La última iniciativa, de presunta apariencia ecologista, es una clara manifestación en ese sentido por cuanto no puede ignorar la irritación que la misma produciría en Buenos Aires.
La nueva medida unilateral se incorpora a la larga lista de provocaciones con la que Londres contesta las reiteradas reclamaciones de negociaciones diplomáticas para solucionar la disputa de soberanía en las islas Malvinas. Un comportamiento francamente desilusionante.
La obsesión del Reino Unido es alterar la calma y la estrategia diplomática con la que Argentina contesta cada una de esas provocaciones sean estas referidas a la explotación ictícola, de exploración de hidrocarburos o a una presencia militar creciente que incluye equipos y armamento de alta sofisticación como de las principales unidades navales. En todos los casos la respuesta de Buenos Aires ha sido medida, firme y apelando únicamente a la negociación diplomática como solución a una situación colonial insostenible. El propio Ministro de Defensa, Arturo Puricelli, lo ha reafirmado recientemente al señalar que la ocupación británica culminará en el siglo XXI de manera “pacífica”.
Buenos Aires solo está pensando en términos diplomáticos. Es evidente, en cambio, que Londres no lo ve de la misma forma y sigue empeñada en una política de confrontación. Muchos de los argumentos tradicionales de la posición británica hacen agua, en particular con relación a las Islas Georgias del Sur y Sándwich del Sur, incluyendo el de la defensa de los “deseos” de los isleños por cuanto, en el caso de las Georgias del Sur donde se anuncia la zona de reserva ecológica, no tiene población residente y estable y Londres podría haber intentado una aproximación con Argentina.
Hubiese sido un interesante caso para explorar un entendimiento diplomático aun cuando Buenos Aires hubiera tenido reservas fundadas sobre el mérito de dividir el tratamiento de soberanía del archipiélago ya que las considera como parte del Departamento Islas del Atlántico Sur de la Provincia de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur. La Constitución de 1994 así lo reconoce.
El Reino Unido ha mantenido una administración colonial de las Georgias del Sur y las Sandwhich del Sur por separado de las islas Malvinas desde que se hicieron territorios dependientes en 1985, denominado “Territorio británico de ultramar de las Islas Georgias y Sándwich del Sur”. La terminología fue alterada en el 2002 y actualmente se las considera genéricamente como territorios británicos de ultramar.
Al considerar el Reino Unido a dichas islas de tratamiento diferenciado respecto a las Islas Malvinas bien podría haber intentado un enfoque diferente procurando establecer un dialogo negociador con Buenos Aires al no existir el limitante auto impuesto de los deseos de los isleños. Sin embargo, aun en ese caso no lo ha intentado en una clara manifestación que lo único que le interesa es, en definitiva, mantener su presencia colonial a través de la fuerza. Una actitud a todas luces irresponsable y contraria a los principios consagrados en la Carta de las Naciones Unidas.
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