El Presidente de Estados Unidos, Barack Obama, en vísperas de suscribir un acuerdo con Rusia de reducir en un tercio los respectivos arsenales nucleares, dio una señal importante al renunciar unilateralmente a la producción, actualización y ensayo de nuevas armas atómicas y al plantear que dicho armamento solo sería utilizable contra países no parte del Tratado de No Proliferación.
El mensaje contiene algunas lagunas pero son claros los alcances y propósitos políticos. El solo hecho de anunciar la decisión de no continuar con la modernización y la fabricación de nuevas armas representa un avance sustantivo desde el nacimiento del arma nuclear. La reafirmación de ratificar el Tratado de Prohibición de Ensayos de Armas Nucleares es otro componente central en la misma dirección.
El compromiso anunciado constituye un factor clave para que se den las condiciones mínimas para que se pueda iniciar un proceso multilateral de desame nuclear. Esa negociación resulta indispensable para la reducción de todos los arsenales existentes y supondría, en una primera etapa, incorporar a China, Francia y el Reino Unido y, en una segunda, a India, Israel y Pakistán.
La declaración afirma, entre otros, dos objetivos centrales. El primero, dirigido a detener toda posibilidad que los Estados accedan al arma nuclear y evitar que las mismas, como el material relevante, caigan en manos terroristas. El segundo, la significación del Tratado de No Proliferación y la importancia que se atribuyen a su fiel cumplimiento.
Sobre esta base, Estados Unidos expresa la disposición de extender una garantía negativa de no utilizar o amenazar con su uso a ningún Estado Parte del TNP que actué en concordancia con sus obligaciones jurídicamente vinculantes. Sin embargo, en declaraciones en el New York Times, el Presidente Obama había destacado que las armas nucleares no serían utilizadas aun cuando EE.UU. fuera atacado por un Estado Parte del TNP con armas químicas o biológicas.
Ninguna de esas garantías incluiría a Irán y Corea del Norte. Había adelantado también una crítica a China por falta de transparencia en el desarrollo y perfeccionamiento de los arsenales nucleares. Ambas cuestiones no están en el texto difundido por la Casa Blanca y deja interrogantes.
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