La crisis existencial del Mercosur

El Mercosur enfrentará próximamente una nueva prueba de fuego que en gran medida podría condicionar, como nunca antes, su propia existencia. La Cumbre de Venezuela en febrero podría ser determinante. Uno de los temas centrales  es el grado de proteccionismo industrial de las dos economías principales y más notablemente de Argentina. Dicha cuestión es una que se encuentra enfrentando a los Estados miembros en lo relativo al ritmo del avance de las negociaciones con la Unión Europea para concluir un tratado de libre comercio. La falta de una posición común probablemente debilitará aún más al ya enclenque mecanismo regional y en particular al agujereado Arancel Externo Común. Además sería una hecho que condicionaría gravemente la credibilidad del Mercosur a escala global ya que demostraría que no es el órgano apropiado para negociar en nombre de los Estados miembros.

Las alternativas sobre la mesa no son muchas. El tiempo de la negociación es igualmente reducido. La Argentina, que no ha demostrado mayor interés en las negociaciones con la Unión Europea, propone un arco arancelario que abarque el 80% de productos y bienes que registra la UE. Esa oferta no sería suficiente para convertir a ambos espacios económicos en una zona de libre comercio. Brasil, que ha entendido que la realidad mundial exige un cambio de estrategia de protección industrial, sugiere con mayor flexibilidad que nos sea menor al 87%. Uruguay y Paraguay suben la apuesta al 90% aunque estarían dispuestos a aceptar la oferta del Brasil.

El problema es, en definitiva, Argentina que en las actuales circunstancias de debilidad económica teme que un acuerdo con la UE afecte gravemente a su frágil y sensible entramado industrial.  La duda es si esa resistencia no la aislaría comercialmente aún más. También las dificultades argentinas podrían agravarse con una mayor inoperancia del Mercosur y el riesgo de un quiebre en la relación comercial con Brasil. Difícilmente Buenos Aires pueda soportar esa posibilidad cuando su economía podría enfrentar en el 2014 el riesgo eventual de ingresar en un ciclo al borde de la recesión y con altas tasas de inflación.

Brasil, por su parte, necesita económicamente concluir un acuerdo con la UE independiente del formato y los números finales. Aun en el caso que la Argentina no se sume al consenso. La actitud extrema de Brasil dispuesta a dejar en soledad a la Argentina solo se explica por las urgentes necesidades comerciales que enfrenta ya que en enero del 2014 ha caducado el Sistema Generalizado de Preferencias (SGP). El 18% de las exportaciones de Brasil están orientadas a la Unión Europea.

Las perspectivas no son alentadoras para el Mercosur si no hay una mayor flexibilidad por parte de Argentina. Si la opción es que cada país del Mercosur concluya con la UE un acuerdo bilateral específico, la razón de ser del Mercosur podría entrar en una grave crisis existencial. Sería lamentable que eso ocurra. También representaría una gran miopía estratégica para la diplomacia del Cono Sur.



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