Futbol y disturbios, con connotaciones políticas

Lamentablemente no es novedad en ningún país donde la pasión a favor de un equipo de fútbol se trasforma en una obsesión que anula la racionalidad, sin embargo en el caso egipcio, tiene connotaciones políticas.

La terrible matanza de 74 personas y más de mil heridos en el estadio de Port Said se convierte en parte del complejo panorama político que enfrenta el país tras la era Mubarak. El criminal episodio no parece haber sido solamente el resultado de un acto de intolerancia entre partidarios deportivos. Los Hermanos Musulmanes, convertido en la oposición más influyente del período de transición, estiman que ha existido una motivación política. No ha sido un hecho de enfrentamiento deportivo casual por el enfrentamiento tradicional de rivalidades futbolísticas.

Atribuyen responsabilidad a las fuerzas de seguridad que son las mismas de la época de la dictadura. El gobierno no podía ignorar la tradicional y belicosa competencia deportiva entre los seguidores de los equipos en el campo de futbol. La falta inicial de controles policiales permite pensar que se dejó que la violencia se desatara. La pasividad de los reducidos efectivos policiales frente a los ánimos inflamados de las barras bravas pronosticaba que cualquier antagonismo, sin control policial, fuera el germen de una guerra sangrienta. Y, eso fue exactamente lo que ocurrió. No pudo haber sido una sorpresa inesperada.

La vinculación entre los partidarios del equipo de futbol Ahly y los manifestantes de la plaza Tahrir permite pensar que fue un acto gubernamental premeditado. La Junta militar podría querer demostrar que el país se inclina paulatinamente al caos si ellos dejan el poder y, consecuentemente, que son los únicos garantes de la paz social. El mensaje subliminal sería que sin las fuerzas armadas en control, se inicia el camino a la anarquía. Port Said el ejemplo.

Los partidarios de uno u otro equipo de futbol coinciden en señalar la presencia de infiltrados, quienes desataron una violencia que adrede no fue controlada. Si las presunciones fueran ciertas, los próximos días en Egipto serán igualmente violentos. Es de esperar que la reflexión se imponga y las fuerzas armadas entiendan que el Egipto de hoy reclama salir del autoritarismo de muchas décadas para ingresar, de una vez por todas, en la democracia aun con los riesgos que la perspectiva de cierta intolerancia islámica pueda despertar.



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