La Presidente de Brasil, Dilma Rousseff,
está demostrando ser una malabarista con personalidad propia de generar un
marcado liderazgo nacional como de plantear una imagen internacional renovada y
autónoma.
Las comparaciones con la gestión
apabullante, en ocasiones contradictorias, de su antecesor son permanentes y
hasta inevitables. Mientras el ex Presidente Lula da Silva era un habitué en
las reuniones del foro de economistas, empresarios y financistas realizadas en
enero de cada año en Davos, la Presidenta Rousseff no ha asistido nunca y,
marcando una nueva diferencia, este año participará en la contra cara de Davos,
el Foro de Porto Alegre al que Lula, en cambio, evitaba cuidadosamente. Quizás
el motivo sea que ya la izquierda de Brasil no tiene nada que demostrar y los
hechos de política económica hablan por sí solos.
Otro dato interesante es el próximo viaje
de Dilma Rousseff a Cuba el próximo 31 de enero que podría generar algunos
chispazos con el régimen presidido por Raúl Castro. A diferencia de Lula da
Silva que había criticado
oportunamente la huelga de hambre de los disidentes cubanos, la
Presidenta de Brasil ha expresado la intención de mantener reuniones en La
Habana con grupos de derechos humanos cubanos. No es casual que Brasil haya otrogado la visa a la disidente cubana Yoani Sánchez para viajar a Bahía a la presentación del film
“Conexión Cuba-Honduras” que trata sobre la libertad de prensa en Cuba y
Brasil.
En este caso tampoco parece hoy
importarle a Brasil que las relaciones con Cuba se puedan tensar. Quizás la
razón sea que los pergaminos de izquierda de Dilma Rousseff no pueden ser
puestos en duda aun cuando el Gobierno cubano exprese malestar por la
inclinación presidencial de escuchar a disidentes.
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