La posición de Estados Unidos frente al mundo árabe antes
del desencadenamiento de estas crisis, a diferencia de la Administración Bush
quien intentó imponer la freedom agenda a los países Medio Oriente a fin de que
se reencausen hacia la democracia, el Presidente Obama ha impulsado una
política más cauta, apoyando la democracia pero remarcando su falta de interés
en imponer modelos.
Esta estrategia responde al efecto contraproducente que
generó la "freedom
agenda" de su antecesor y que no era otra cosa que era la materialización
de la particular teoría neoconservadora post 11 de septiembre de 2001 donde la
raíz del terrorismo era la ausencia de democracia en los países primordialmente
musulmanes.
El punto a subrayar es que la freedom agenda implicaba la
imposición de la democracia en el mundo árabe, pero también con una sutileza
que era que el gobierno estadounidense no quería perder sus intereses
estratégicos, por lo que su aplicación en la práctica iba a verse limitada por
la necesidad de mantener buena relación con esos líderes que hoy son
cuestionados por sus propios pueblos.
La posición de la actual Administración estadounidense
refleja la continuidad en el relacionamiento con los gobernantes cuestionados
por sus pueblos. Lo que hoy sigue pesando en el gobierno estadounidense es el
temor a que todos estos cambios alteren los equilibrios, alianzas y apoyos
estratégicos en la región.
Todo lo que está aconteciendo hace poner en duda la
estrategia de seguridad construida por décadas por Estados Unidos en la zona.
Egipto, Yemen, Barhein y Jordania integran un equilibrio beneficioso para sus
intereses.
La Administración Obama tampoco actuó como es previsible- con
todos los gobiernos en crisis de manera lineal. En efecto, con sus aliados o
socios estratégicos en la región como Egipto y Bahrein, retrasó toda actuación
que notablemente denotara su desaprobación hacia la actitud o las medidas
adoptadas por esos gobiernos. En el caso de Bahrein hubo silencio por parte de
la administración estadounidense hasta que el Obama se contactó telefónicamente
con el Rey Hamad bin Isa al Jalifa para que llevara adelante reformas,
remarcando siempre que Bahrein era un "viejo" socio de los Estados
Unidos.
El caso de Yemen también es para destacar porque el Obama se
comunicó con el Presidente Saleh para felicitarlo por las medidas de reformas
significativas que emprendería. No es un dato nada desdeñable que en el mismo
comunicado de la Casa Blanca donde se relata esa conversación telefónica se
resalta que es imperativo que ese país tome fuertes acciones contra Al Qaeda en
la Península Arábiga, remarcando así el rol que juega en el tablero estratégico de los Estados Unidos.
Un dato claro del interés de este país en la resolución de
ciertas crisis se denotó en las gestiones de altas autoridades estadounidenses
y que implicaron en envío de emisarios del Presidente a Egipto, llamadas
telefónicas entre las autoridades de ambos países (Bahrein, Egipto, Yemen y
Arabia Saudita) y el viaje de funcionarios del Departamento de Estado
(Subsecretario de Asuntos del Cercano Oriente a Bahrein).
En lo que respecta a Libia, suspendió sus relaciones, planea
sanciones unilaterales y multilateras. Aunque, la situación fue llevada a las
Naciones Unidas donde se espera una resolución contra las violaciones de los
derechos humanos por parte de Gaddafi.
Se podría concluir con otra pregunta, cómo se rearmará el
tablero estratégico estadounidense en el norte de Africa y en Medio Oriente.
Ello dependerá, según su actual "explícita" posición, de la evolución
de los acontecimientos, debiéndose resaltar que, en el caso particular de
Libia, la posibilidad de adopción de medidas multi o unilaterales no pareciera
responder a una política pasiva y expectante como en los casos anteriores.
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