
La intransigencia de Irán respecto a su programa nuclear pone a China en una situación que preferiría no estar. Esas incomodidades son lo que Beijing trató de evitar a lo largo de los últimos años en diferentes conflictos. Ya era hora que China aprendiera que existen ciertas responsabilidades inevitables cuando se es la segunda potencia mundial. En este caso en particular, las decisiones le resultan un poco más complicadas por cuanto puede tener efectos en los suministros de petróleo ya que obtiene de Irán el 11% de sus necesidades energéticas.
China se siente acorralada entre evitar lastimar el frágil dialogo restablecido con Estados Unidos, cumplir con las responsabilidades emergentes de su ubicación en el mundo y la necesidad de acomodar algunos principios que ha sostenido como bandera política multilateral. Uno, que todo país tiene derecho a un desarrollo nuclear con fines pacíficos y en esto el concepto chino es amplio y hasta generoso en cuanto a las tecnologías involucradas y, dos, que China siempre estimó que las sanciones del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas solo sirven para incrementar la inestabilidad internacional y no resultan en general eficaces.
La aceptación de una medida punitiva contra Irán pone de relieve que la cuestión para Beijing es vista en términos de armonía con Estados Unidos. En ese sentido, la próxima visita del Presidente Hu Jintao a Washington para participar de la Cumbre sobre Seguridad Nuclear tiene gran importancia después de la secuela de incomprensiones bilaterales dadas por posiciones dispares respecto al cambio climático, la ventas de armas a Taiwán, la presencia del Dalai Lama en la Casa Blanca, el caso Google o el valor del yuan con relación al dólar afectando el comercio bilateral.
Asimismo, la flexibilidad de China tiene todo un contendido político de particular trascendencia que sobre pasa lo meramente bilateral. De alguna forma retrotrae el tiempo a la visita de Obama a Beijing cuando se hablaba del G2 como sinónimo de la nueva estructura de poder mundial.
Sin embargo, de las prudentes declaraciones del Gobierno chino surgiría que ante lo inevitable se encontraría realizando una última gestión diplomática para acordar mayor flexibilidad de Teherán a los efectos de lograr una solución diplomática que evite la necesidad de una resolución mandatoria del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Esa posibilidad es vista por otros miembros no permanentes del Consejo de Seguridad como una tabla salvavidas. Sería el caso en particular de Brasil y Turquía.
El Presidente de China concluye su estadía en el hemisferio con un interesante periplo sudamericano en Brasil, Chile y Venezuela. Todas señales a tener en cuenta si el G2 adquiere proporciones significativas de gobernancia mundial.
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