Afganistán: negociaciones paralelas

La guerra en Afganistán ha entrado en una etapa militar más intensa con fuerte uso de misiles crucero por parte de Estados Unidos y una gran ofensiva Talibán en distintos frentes urbanos. La paradoja de ese enfrentamiento es que tiene lugar de manera simultánea con el inicio de un esfuerzo diplomático de negociación que tiene la aspiración de alcanzar una solución política que pueda permitir el fin del conflicto y contribuya a establecer las bases de un futuro más estable para ese país.

Talibanes y norteamericanos se han empezado a reunir en Qatar. Así lo confirmó la Prensa Islámica Afgana (AIP) al señalar que el Consejo Talibán aprobó el inicio de esas negociaciones. La intención de las partes es iniciar un proceso paulatino. El primer paso sería un intercambio de prisioneros que podría incluir detenidos en la base de Guantánamo. El segundo considerar las posibilidades de conversaciones de paz y, simultáneamente, establecer las condiciones para el retiro militar de Estados Unidos. Esas negociaciones diplomáticas tienen lugar sin la presencia del gobierno afgano. Ni talibanes ni norteamericanos han aceptado la posibilidad de la presencia de un representante de Kabul. En eso unos y otros han alcanzado consenso.

El Presidente Hamid Karzai, aislado de dicho proceso y con creciente pérdida de popularidad, procura intentar una negociación paralela con el mismo propósito y, a tal efecto, se encuentra buscando que Arabia Saudita actué como moderador. El esquema prevé la presencia de otros actores relevantes en el conflicto como es el caso de Pakistán. Los Talibanes no parecen muy convencidos con la iniciativa de Karzai que consideran un títere de Washington. En ese contexto, prefieren negociar a solas con el dueño del circo. El asesinato hace unos meses del negociar afgano con los Talibanes es reflejo de esa situación.

El esfuerza diplomático merece el máximo apoyo internacional independiente de quien lo inicie y de quien participe. Está claro que hay dos presencias que deben ser inevitables para una solución duradera, Estados Unidos y los Talibanes. La otra debería ser el gobierno de Afganistán. Sin embargo, la ausencia afgana es el resultado de la desconfianza que despierta y consecuencia de la presencia en Kabul de un Gobierno anodino, corrupto y con débil base legitima. La responsabilidad de Washington no es menor al haber aceptado un fraude electoral que dio la victoria por segunda vez al cuestionado Presidente Karzai.



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